Llovieron bombas; si, llovieron bombas.

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Una noche más como las ultimas  veinte; hoy, justo cuando muera la tarde

Volverá la lluvia, esa lluvia ruidosa, lluvia maldita, lluvia que arde

Lluvia  de  dolor, miedo,  fuego y barbarie.

Calles  de un pueblo  donde todos ya lo saben

Que hoy, ahí mismo todo tipo de dolor hará presencia.

Seres humanos recorren esas calles

Mirando siempre al cielo de reojo.

Difícil entender a ese ser humano, un ser humano sano que agoniza

Que agoniza en compañía de su pueblo

Ante la morbosa mirada de millones de testigos.

No muy lejos se escucha el familiar estruendo cotidiano

Polvo, sirenas, pitos y gritos avisan que ha llegado el momento

Ese momento en el que el miedo le cede paso al dolor.

Entre estruendo y estruendo gente que llora,  gente que reza, gente que grita.

Pausas, pausas dolorosas  lo que hacen difícil adivinar cuando ha acabado.

¿Acabado? No importa si ha acabado, hay que sacar  a los suyos de entre escombros

Llorar por los que hayan fallecido, cargar  a los que encuentre mutilados y buscar otra calle para seguir agonizando.

Llovieron bombas; si, llovieron bombas.

Murieron niños, ancianos  y mujeres

Fui testigo impávido y cobarde

De este paisaje que solamente es posible

Gracias  a la especie humana y su demencia.

Source: Opinión – Portón Latino

 

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